De las ocho aventuras militares contra el Islam, ninguna tan fatídica, polémica y degradante como ésta. Perdida la fe de antaño, los cruzados planearon la reconquista de los lugares santos para ganar la gloria y la riqueza que no consiguieron antes. Sin embargo, la falta de dinero y de barcos suficientes los llevó a cometer en el verano del año 1204 un acto que hasta hoy avergüenza a la humanidad: El saqueo a Constantinopla.
El último capítulo de la larga lista de enfrentamientos entre el Cristianismo y el Islam. Tras más de dos siglos de obstinado batallar, el ideal fervoroso y fanático de la -guerra santa- fue apagándose al punto que hacia 1254, éste se puso en entredicho. En ese marco, y pese a todas las adversidades e incredulidades, surgió un nuevo proyecto de cruzada liderado por el rey francés Luís “El Santo”, el último al que asistiría la humanidad.
Este enfrentamiento ocurrido a finales del siglo XI iniciaría un complejo fenómeno histórico de campañas militares, peregrinaciones armadas y expansión colonial en Medio Oriente. Los estados cristianos de Europa Occidental se movilizaron con el fin de alcanzar la conquista de Tierra Santa, dando pie a una guerra religiosa que finalizaría con la toma de Jerusalén a manos de los cruzados.
Hacia finales del siglo XIII, en el balance de la guerra religiosa, el Islam había tomado ventaja. Por ello, hacia 1217, Occidente se juntó buscando retomar nuevamente Jerusalén y el resto de Tierra Santa derrotando al poderoso estado Ayubí de Egipto. Sin embargo, cuando a punto estaban de coronarse con la victoria, el Sultán Al-Kamil saldría en batalla frenándolos. ¿Qué había pasado? ¡Se lo contamos!
Luego de la espantosa masacre del año 1099 y la toma de Jerusalén, un nuevo orden se había instalado en el Asia Menor. Sin embargo, el nacimiento de la idea del Yittihad o Guerra Santa se instalaría en el Islam iniciando con ello un nuevo período de ataque y anhelo por recuperar los terrenos perdidos. Creyendo que una segunda expedición bastaría para implantar el orden, los reyes de Europa y el papa Eugenio III enviaron una expedición que inesperadamente, sufriría lo indecible. Aquí le contamos esa historia.
Federico II, tras recuperar Jerusalén, se desentendió de los problemas de Oriente y volvió a Europa para solucionar sus entredichos con el papado, situación que permitió a los musulmanes recuperar los lugares santos en 1244. Este desastre motivaría a los cristianos europeos a preparar una nueva campaña militar. No obstante, las cosas no serían fáciles. El Islam esperaba firme, y mucho deberían bregar para ganar. ¡Reviva este episodio histórico con nosotros!
El recuerdo del saqueo de Constantinopla y el fracaso de la quinta cruzada provocaron un profundo pesimismo en Europa respecto a recuperar los lugares santos. Sin embargo, desde 1227 las malas noticias desde Oriente abundaban y era necesario enviar una expedición. Pero nadie esperó que el adalid de ésta fuera Federico II, sin duda, una de los emperadores más brillantes de la historia. ¡Adquiérala!
Quizás la campaña más épica de los 8 enfrentamientos entre Occidente y Oriente. Tras el desastre de la Segunda Cruzada, en el año 1189 el Gregorio VIII convocó a una nueva cruzada destinada a recuperar los lugares santos. La espectacular guerra por Jerusalén presenciaría la aparición de dos colosos. El inglés Ricardo Corazón de León, por un lado, y el genial Saladino, por el otro. Imprescindible.
Fueron una serie de campañas militares realizadas bajo orden del Papado, que impulsó a los países de Europa Occidental a ir tras la conquista de Tierra Santa. Esta guerra religiosa tuvo lugar entre los siglos XI y XII a lo largo de tres cruzadas en donde los turcos perdieron su territorio en un inicio a mano de los europeos y luego fueron en busca de la reconquista de Jerusalén.
Luego del desastre de la Cuarta Cruzada, un período de profundo pesimismo y pérdida de fe asoló Europa. Sin embargo, la férrea actitud y vitalidad de uno de los papas más enérgicos de la historia, Inocencio III, motivó el despertar nuevo y hasta fanático de la fe. De ese período, antecesor a la Quinta Cruzada, datan las famosas cruzadas infantiles, la celebración del Concilio de Letrán, y las terribles cruzadas contra los albigenses.